Mal momento y mal lugar para ser atacado con las ansias de terminar un trabajo, el Parkinson te ataca y ¡pum! te saliste de los bordes. Te sales una vez... -¡Maldición!, no me saldré más, lo prometo. Acto siguiente: -¡Basta, basta, basta!- mirando con rabia el pincel; -Ya cagué, ¿qué hago?.De este encango aprendí muchas cosas, aunque al momento de escuchar las indicaciones me sentía más perdida que el Teniente Bello, lo de los colores es relativamente simple, comprensible, y nada del otro mundo, pero definitivamente es lo que le da la intensidad a la existencia, que casi siempre, tiende a ser un poco monocromática, tal como monótona y todo lo que empieze con mono (incluyendo los monos que me dan en las mañanas).
Sólo subo 1 foto, ya que la calidad de la segunda es deplorable.
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